martes, 24 de junio de 2014

UD Las Palmas 1-1 Córdoba CF: Hasta que llegaron ellos

Han pasado dos días y cuesta asimilarlo aun. Superado el shock que nos provocó los acontecimientos sucedidos el domingo en el Gran Canaria, volvemos a escribir para intentar ofrecer algunas reflexiones que se nos pasan por la cabeza.

La eliminatoria estaba ganada.

 
Del partido en si poco que contar, lo sucedido en el descuento hace que lo que pasó durante los 90 minutos anteriores tenga poca importancia ya. La fatalidad comienza con una apertura de puertas apresurada, sigue con una invasión de campo anticipada, un parón de casi 10 minutos, unos jugadores, impecables hasta el momento, que se descentran, un balón colgado, un fuera de juego mal tirado por la defensa, un balón que se escapada a Barbosa y finalmente un gol que finiquita el sueño de Primera. Es tal la sucesión de desgracias que  le hemos quitado un título al Atlético de Madrid, el nuevo pupas de España es la UD Las Palmas. 

No había solo adolescentes, también adultos.

¿Qué podemos decir de los energúmenos que nos robaron el ascenso que no se haya dicho ya? Lo primero es que no eran solo niños o adolescentes, había galletones bien granditos entre los descerebrados que corrían por el campo, amenazaban a la seguridad privada o a los jugadores, y se envalentonaban contra la encendida grada. Tampoco podemos decir que solo era gente de los bajos fondos de la isla, pues había de todas las clases, ya se sabe que con dinero se puede comprar de casi todo menos un cerebro.
El cáncer estructural que vive esta sociedad canaria es algo que ya se sabía pero que ha tomado notoriedad pública por habernos dado donde más duele. La gente se enfada cuando de vez en cuando algún programa tipo Callejeros nos ha dejado a la altura del betún por esos reportajes sacando lo más oscuro de la isla. ¿Porqué solo sacan lo peor de la sociedad y no los buenos paisajes o entrevistan a gente amable y educada? Sencillamente porque es lo que da audiencia. Pero inventar no se han inventado nada.

No es un fenómeno  nuevo en Gran Canaria.


En apenas 15 años han ido acabando con los mogollones de carnaval, las fiestas típicas de cada pueblo, romerías, conciertos y un largo etcétera. Cualquier concentración de gente es una excusa para actuar en manada y reventar cualquier acto festivo. Este caldo de cultivo está ahí, pero la solución empieza por una educación de puro civismo en casa. No hay que tener una carrera universitaria para ser buena gente y una persona cívica y decente. Esto que se ha visto es sólo la punta del iceberg, porque esta gentuza es la que formará la sociedad adulta mañana, y el círculo vicioso continua porque es lo que les enseñarán a sus hijos. Prueba de ello es la letra de esta canción de Luis Quintana del que hemos tomado el título de este artículo y que les invitamos a escuchar.


Hoy salen en la prensa las fotos de alguna mamá junto a su retoño arrepentido pidiendo perdón, asustados por el acoso mediático y en redes sociales al que está siendo sometido "su niño", cuidado no lo vayamos a estresar o le creemos un trauma al angelito, que con pelos en la barba y en... pone cara de pena y afirma haber aprendido la lección mientras vive estos días encerrado en el piso de mamá del polígono, a la vez que su hermana sigue insultado en las redes sociales a todo aquel que le echa en cara su comportamiento. Otro de los energúmenos, este con papás con más recursos, se ha exiliado momentáneamente en la isla de Tenerife, mientras su mamá afirma asustada que no hay derecho a que acosen a su niño quien, ¡oh que pena más grande!, ha visto frenada su carrera de modelo y próximo aspirante a carne te telebasura con musculitos esculpidos a base de anabolizantes. Tan solo una sanción de 3000 € a los pocos que se logre localizar parece será el castigo que reciban estos vándalos, pero ¿y quién nos devuelve a nosotros el sueño que nos han robado?.

Nos lameremos las heridas y nos levantaremos.


En fin, se pierden las ganas de seguir yendo al estadio, de abonarse o de seguir escribiendo sobre la UD Las Palmas. Por suerte o por desgracia, el tiempo lo cura todo, y una vez que pase el cabreo y la impotencia, el gusanillo tira, y empezaremos a leer sobre fichajes, rumores, etc., y acabaremos otra vez siendo de esos 8 o 10 mil que se tragan las 42 jornadas de campeonato en el Estadio con viento, frío, lluvia o calor. Ya son 19 temporadas consecutivas abonado y se aprende que las alegrías y las decepciones son la salsilla de este deporte que nos vuelve locos.



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